Con el claro propósito de vender juguetes, Transformers se ha convertido en un pilar de la cultura popular, acumulando cinco películas live action, más de 10 series animadas y una infinidad de líneas de juguetes. Pero Transformers One destaca de manera particular, trayendo una animación fluida y de alta calidad que, por primera vez en la franquicia cinematográfica, prescinde completamente de personajes humanos, centrándose en el planeta Cybertron. Esto habría costado unos $400 millones si se hubiera hecho en acción real, pero la decisión de optar por la animación no solo ayuda al presupuesto, sino que también libera a la historia de las limitaciones que enfrentan las entregas anteriores.
Hasta que todos sean uno

La película presenta una historia que funciona tanto para iniciar a una nueva generación en el universo Transformers, como para reinventar el lore ya establecido. En el doblaje original, el reparto de voces es sobresaliente. Chris Hemsworth interpreta a un joven Optimus Prime (Orion Pax), brindando un excelente contraste con el personaje rígido y serio que conocemos, e incluso rinde homenaje a la interpretación icónica de Peter Cullen.
Brian Tyree Henry, como D-16, ofrece una interpretación empática y convincente, transformándose gradualmente en el temible Megatron. Steve Buscemi, aunque en un papel pequeño como Starscream, deja su huella, y Scarlett Johansson aporta una dosis de ironía y agudeza como Elita-One, la supervisora de Orion.
Mientras tanto, Keegan-Michael Key roba escenas con su interpretación cómica de B-127 (Bumblebee), aportando un necesario respiro cómico. Rotundamente me niego a hablar del doblaje, no tienen una idea de cuanto me esforcé en encontrar una función en inglés y les recomiendo hacer lo mismo.
La sorpresa del año

A pesar de que los avances sugerían que la película sería demasiado infantil, Transformers One sorprende con un tono más maduro. Su animación no solo mejora en comparación con las películas live action, sino que también permite que los robots muestran más personalidad sin las distracciones de los personajes humanos.
La narrativa se adentra en la relación entre Optimus Prime y Megatron, antes de que se convirtieran en enemigos acérrimos. El desarrollo de su amistad y eventual rivalidad se maneja como una historia épica de hermandad rota, con referencias que los fans casuales pueden disfrutar, pero lo suficientemente profundas para los más fieles.
El formato se transforma con la historia

La cinta está cargada de momentos cómicos y s autorreferenciales. En un giro ingenioso, las solemnes y operativas arengas de Optimus, tan características en versiones anteriores, se convierten en una broma recurrente. En lugar del Optimus serio al que estamos acostumbrados, vemos a un joven Orion Pax optimista y rebelde, lleno de bromas y aventuras, lo que aporta un tono mucho más ligero y entretenido que las demás entradas de la franquicia. La película también toma prestado elementos de éxitos recientes como Spider-Verse y Teenage Mutant Ninja Turtles, acercándo más a esos éxitos animados de lo que cabría esperar de una película de Transformers.
Sin embargo, la película no es perfecta. A medida que avanza, el enfoque original da paso al fan service y a los tropos obligatorios de una precuela. A pesar de sus encantos, el origen de Megatron como villano se siente un poco apresurado, lo que afecta el impacto emocional de su transformación. Aunque la película logra hacernos invertir en los personajes, especialmente en la amistad entre Orion y D-16, hay una sensación de que podría haber profundizado más en su relación antes de que el inevitable conflicto los separara.
A rodar
A pesar de sus pequeñas fallas, Transformers One logra lo que muchas entregas anteriores no pudieron: ofrecer una historia cohesionada y entretenida que revitaliza la franquicia. Aunque no llega al nivel de los éxitos animados recientes, es sin duda la mejor película de Transformers hasta la fecha, demostrando que la animación es el camino ideal para explorar este vasto universo.
Nos vemos en el cine y hasta pronto.


