Beetlejuice fue todo un hito cultural en su época. Durante años hubo múltiples especulaciones de una secuela e incluso una serie animada. Sin embargo, después de 36 años de la primera entrega, la franquicia por fin tiene su ansiada continuación. Se trata de Beetlejuice Beeltejuice, una cinta que trae de regreso a parte del elenco general y, sobre todo, la esencia y fórmula del Tim Burton que tanto amamos.
Un regreso paso a paso

Uno de los aspectos más distintivos de Beetlejuice Beetlejuice es su naturaleza juguetona llena de elementos visuales y secuencias desconcertantes que reflejan la esencia de Burton en sus inicios. Este enfoque en la creación de imágenes y escenas, mas que en la coherencia narrativa, ha sido un sello del director. Aunque esta dualidad es también una debilidad, pues aunque visualmente es atractiva, la estructura narrativa se resiente, como si fuera un espectáculo poco sólido. El hombre ha demostrado ser capaz de encontrar un punto medio, pero aquí se siente que solo es secuela por el propósito de ser secuela.
¿Por qué no estrenarla en Halloween?
Burton parece estar buscando recrear la magia de sus primeros días, pero lo hace retomando elementos ya establecidos y llevándolos al límite del caos controlado. Si bien esto puede divertir en el momento, a largo plazo deja una sensación de que falta cohesión y una dirección clara para la historia. Pero sigue siendo cierto que ya no tenemos a un Burton creativamente anestesiado como en su última cinta.
Nuevamente Burton juega con los límites del contenido «B», incorporando humor negro y visuales grotescos, como un torso sangrante o cuerpos resucitados con una pistola de grapas. Esta mezcla entre lo grotesco y lo cómico es una de las marcas registradas del director y sigue funcionando aquí. Sin embargo, en comparación con el tono original, donde el humor macabro se sentía fresco y novedoso, esta secuela pierde parte de ese impacto. Las imágenes siguen siendo efectivas, pero la repetición de estas ideas disminuye el factor sorpresa.
Winona Ryder vuelve como Lydia Deetz, y su interpretación es uno de los puntos fuertes de la película. Su personaje, una mujer marcada por el tiempo y las tragedias, se encuentra atrapada en una vida que parece no haber avanzado mucho. Esta es, en cierto modo, una metáfora de la secuela en sí: Lydia no ha cambiado mucho, y lo mismo puede decirse de la película en relación con la original, resultando en una decepcionante familiaridad. El tiempo pasó dentro de la historia, pero no vemos como este haya afectado a Lydia, limitándose únicamente a las relaciones con su madre adoptiva y su hija.
Jenna Ortega y Tim Burton: espectacular dúo gótico
La relación de Lydia con su hija Astrid, interpretada por Jenna Ortega, añade una interesante capa generacional. Aunque su dinámica ofrece algunos momentos de conexión emocional, este potencial no se explora profundamente y queda relegado en favor de las extravagancias visuales, lo que deja una sensación de oportunidad perdida. Aunque, he de reconocer que Ortega me probó equivocado, ya que no repitió su otro papel burtonesco como Wednesday, sino que creó su propio personaje.
Michael Keaton, tan comprometido como lo fue con Batman
Michael Keaton regresa a su papel de Beetlejuice con la misma energía grotesca y desbordante que lo caracterizó en la película original. Su energía inagotable, sus gestos exagerados y su carisma irreverente dominan cada escena en la que aparece, recordando por qué su actuación sigue siendo el corazón de esta historia macabra. Aunque la película tiene altibajos, Keaton demuestra una vez más que Beetlejuice es su creación más memorable. Aporta una chispa inigualable que hace que valga la pena verla, incluso cuando otros elementos de la secuela no logran alcanzar las mismas alturas. Lo que se le debe reconocer es que, junto al caballero de la noche y este fantasma, sus mejores papeles son el punto de venta de sus regresos, esta vez infinitamente mejor que en The Flash.
¿Qué haces aquí Mónica Bellucci?
El personaje de Mónica Bellucci, aunque interpretado con su elegancia característica, se siente innecesario dentro de la trama. Su inclusión parece más una concesión personal, dado su papel como la musa actual y pareja de Tim Burton, que una adición esencial para la historia. Aunque su presencia añade un toque de glamour, su rol no aporta mucho al desarrollo narrativo y, en ocasiones, parece más decorativo que funcional, lo que resalta las dificultades de la película para justificar algunas de sus decisiones creativas.
Un punto destacado es la actuación de Catherine O’Hara, que regresa como Delia Deetz. Su energía contagiosa y su disfrute en el papel elevan cada escena en la que aparece, añadiendo frescura que contrasta con los momentos pesados. Su presencia es un recordatorio de la vibrante excentricidad que hizo memorable a la primera película.
Además del personaje innecesario de Justin Theroux, hay un punto en la trama que se siente completamente predecible y carente de impacto. Desde el momento en que se introduce, se puede anticipar su desenlace sin mayor esfuerzo, lo que le quita cualquier elemento de sorpresa o intriga. Este giro parece existir únicamente para cumplir una función práctica en la narrativa, pero es tan evidente que no ofrece una verdadera satisfacción dramática.
Lo más frustrante es que este desarrollo se resuelve de manera demasiado conveniente, como si fuera una solución rápida para mover la historia sin mayor esfuerzo. Si se eliminara por completo, la película podría haber encontrado formas más creativas de hacer avanzar la trama y llevar a Lydia y Astrid al mundo de los muertos. Es una oportunidad desperdiciada para agregar tensión o desarrollo emocional, ya que el filme opta por una solución predecible en lugar de explorar caminos más interesantes o impactantes. Cuando la vean, sabrán de qué hablo.
La brillante mente de Burton
La expansión del inframundo es una apuesta visual que recuerda a las visiones burtonianas de mundos distorsionados. Sin embargo, aunque se disfruta el diseño de producción, las sátiras burocráticas y los trabajos en la ultratumba, estos elementos carecen de la frescura que tuvieron en los años 80. En 2024, se sienten anticuados y no logran aportar algo nuevo.
Lo que sí sigue destacando son los efectos visuales. La colaboración con la diseñadora Colleen Atwood y el uso de efectos prácticos y stop-motion en lugar de CGI devuelve a la película esa sensación artesanal que define los mejores trabajos de Burton. Este enfoque hecho a mano aporta un aire nostálgico, pero también subraya la dependencia en la nostalgia en lugar de la innovación. Sin negar algín afecto que tiene, se sabe que su reseñador de confianza siempre aplaudirá los efectos prácticos.
A pesar del regreso de Keaton y O’Hara, la ausencia de Geena Davis y Alec Baldwin, que aportaban un equilibrio emocional en la primera película, se siente profundamente. La secuela no logra encontrar personajes que llenen ese vacío, lo que afecta la cohesión y el corazón de la historia. Sus dinámicas eran fundamentales para la película original, y su ausencia deja un hueco notable. Además de la explicación más por encimita del porqué están ausentes cuando debían permanecer en la tierra por otros 150 años. Si bien funciona la historia sin ellos, algunos personajes adyacentes hubiera proporcionado un poco más de corazón al filme.
Un ritmo de muertos
Un problema recurrente en la película es su ritmo. Mientras que la primera entrega era ágil y dinámica, Beetlejuice Beetlejuice a veces se siente lenta y falta de energía. Este ritmo más pausado afecta la experiencia general y contribuye a que algunas escenas se alarguen sin necesidad, perdiendo el impacto que podrían haber tenido. El mayor reto para esta secuela es su dependencia de la nostalgia. Mientras que la original era una fusión de lo nuevo y lo inesperado, esta película parece más preocupada por replicar éxitos pasados que por ofrecer algo innovador. Aunque la nostalgia tiene su lugar, termina siendo una espada de doble filo. Para algunos, ver de nuevo a Beetlejuice será suficiente, pero para otros, la falta de evolución y riesgo creativo resultará decepcionante.
Espere su turno… número 194802845
Beetlejuice Beetlejuice es una divertida pero imperfecta secuela que captura la esencia visual y el humor macabro de Tim Burton, pero que no logra avanzar significativamente en términos narrativos o emocionales. A pesar de los momentos brillantes, como el regreso de Keaton, la actuación de O’Hara y los efectos prácticos, la película está lastrada por un ritmo inconsistente y la sensación general de innecesariedad. Aunque es la película más «Burton» en años, la falta de un propósito claro y la ausencia de personajes clave la hacen quedar muy por debajo de la chispa mágica de la original.
¡Nos vemos en el cine!